Los máximos responsables de Giahsa, Aqualia y Aguas de Huelva se han reunido en el Hotel Growers Go de la capital para abordar una negligencia política que ha dejado que el Atlántico se trague el recurso que habría blindado el futuro de la población onubense, la industria y la agricultura hasta la próxima década. Santiago Ponce, director ejecutivo de Giahsa, lo resumió con una crudeza sin matices: "Hemos tirado el agua de cinco años". En una provincia que hace apenas doce meses aprobaba restricciones del 50% para el regadío y del 10% para el consumo humano, la estampa de cauces desbordados camino del océano ha sido la prueba de un problema estructural que nadie termina de atajar: el consumo anual de Huelva ronda los 150 hectómetros cúbicos, cuando el despilfarro de este invierno multiplica por cinco esa necesidad vital.
La parálisis de la presa de Alcolea se erige como el símbolo de este abandono. La obra, fundamental para la regulación del río Odiel, permanece estancada al 26% de su ejecución a pesar de haber sido declarada de interés general del Estado en el año 2018. La falta de voluntad política para responder a los ofrecimientos de colaboración de la Junta de Andalucía ha bloqueado un proyecto estratégico que, de haber estado operativo, habría capturado gran parte de las escorrentías de este invierno. Pedro Peña, gerente de Aguas de Huelva, advierte de que en periodos de abundancia no se puede bajar la guardia “ya que venimos de periodos muy cercanos de alerta por sequía".
Juan Manuel González Padilla, gerente de Giahsa, se incorporó al debate con una crítica frontal a la discriminación territorial que sufre la provincia: "Si esta presa estuviera en Cataluña o en otros territorios con mayor peso político, ya estaría terminada”, sentencia. Además, la ausencia de regulación en el Odiel no solo implica la pérdida de agua; también supone un riesgo de inundabilidad para localidades como Gibraleón o Aljaraque. El río Odiel, de hecho, es el único de España que carece de regulación, una anomalía que deja a estas poblaciones expuestas ante posibles avenidas de agua que la presa de Alcolea debería contener.
La vulnerabilidad del sistema no termina en los embalses. El Túnel de San Silvestre representa el punto más crítico de la red provincial, una conducción de 1967 que muestra signos de obsolescencia preocupantes. El 80% del agua que abastece a la capital, a la industria y al campo depende exclusivamente de esta infraestructura. Santiago Ponce alerta de que un colapso en este punto dejaría a Huelva sin agua de forma inmediata: "Es un problema disruptivo; si falla, nos quedamos sin suministro de un día para otro". Los trabajos para su desdoble llevan dos años parados por supuestos problemas geológicos, un silencio administrativo que los operadores consideran inaceptable ante el riesgo de un accidente grave. Felipe Arias, presidente de Aguas de Huelva, califica la situación como una "dejadez de funciones" equiparable al abandono que padece el territorio en cuestiones ferroviarias.
Francisco Blanco, director de delegación de Aqualia, insistió en que la inversión debe ser constante e independiente de la meteorología: "Las infraestructuras se hacen mayores y requieren una renovación urgente; no se puede invertir en agua solo cuando hay sequía". El mantenimiento de lo que no se ve es el principal problema de las arcas municipales. Las redes de distribución urbana en muchos municipios tienen una antigüedad de entre 40 y 60 años, lo que genera problemas que lastran la eficiencia del sistema.
Huelva ha tirado al océano Atlántico 875 hectómetros cúbicos de agua en apenas sesenta días –el equivalente al consumo de toda la provincia durante cinco años– por la falta de infraestructuras de almacenamiento y regulación. Es el dato más demoledor de la actual gestión hídrica, analizada durante la mesa de redacción organizada por Huelva 24 con motivo del Día Mundial del Agua.
Los operadores coinciden en que no se puede vivir de la improvisación y en que la inacción institucional tiene un coste directo en el desarrollo de la provincia. Huelva, explicaron, no puede permitirse el lujo de desperdiciar 875 hectómetros cúbicos de agua dulce por el retraso de grandes proyectos hídricos que acumulan polvo en los despachos ministeriales. Felipe Arias, en este sentido, es tajante: "Es una falta de responsabilidad absoluta; tendrá que venir otro ciclo político a resolver lo que ahora se ignora”. La lluvia de este invierno ha dado un respiro a los embalses, pero ha puesto ante el espejo la fragilidad de un sistema que tira su futuro por el desagüe por la falta de una política de infraestructuras justa y real. El Día Mundial del Agua llega a Huelva con las presas llenas, sí, pero con la sensación amarga de que el Atlántico es el único beneficiado de una gestión hidráulica obsoleta.